"¿Qué ve un niño en un equipo que no gana ligas ni champions? Simplemente no tiene otra opción que no se resista, el Betis le eligió. Tenemos la dicha de pertenecer a un grupo selecto, un grupo de casi un millón, que dicha la nuestra al ser elegidos. Amigos, disfrutemos de este precioso don."

Pepe Mel, entrenador del Real Betis Balompié.

domingo, 30 de agosto de 2015

Esa sensación...

Llevaba tiempo sin escribir, pero noches como las de hoy, a las que por desgracia me estoy acostumbrando últimamente, me ayudan a reflexionar y a sacar conclusiones de lo más profundo de mi.

Hoy visitábamos el Bernabéu. Es uno de esos partidos en los que, a pesar de saber que llevas un alto porcentaje de irte de vacío a la vuelta, es inevitable que te ilusiones. Por unas horas tu equipo se convierte no sólo en centro de España, sino del mundo futbolístico entero. ¿A quien no le gusta eso? Y además era especial, porque hacía dos años que no visitábamos el Madrid.

A la ilusión, en mi caso, se le suma (o contrapone) un enorme miedo por hacer el ridículo en una cita tan importante. Porque lo he pasado realmente mal las veces que he visto manchado el escudo a lo largo de mi vida (sobre todo en los últimos años), y es una de las peores sensaciones que puedo experimentar.

Y hoy, la he vuelto a sentir por momentos. Se puede perder contra el Madrid, se puede perder incluso por 5 goles a cero, pero no de la manera en la que se ha perdido hoy. Y no voy a entrar en ningún tipo de análisis acerca de lo que ha sucedido en el campo. No tengo título de entrenador, y por mucho fútbol que vea, probablemente jamás llegaré a entender la mitad de lo que puede saber un profesional de ésto. Pero si entiendo de sentimiento, y si que se ver cuando los once que me representan, por muy inferiores que sean en términos de calidad al contrario, se dejan la piel en el campo. Y hoy no ha sido el caso.

Espero que al menos el partido de hoy haya servido para que los jugadores (y la dirección deportiva), se den cuenta de la afición que tienen, que no ha parado de animar en ningún momento, mientras sufría una goleada y un ridículo más. Esa afición que ha sido capaz de callar a todo un Santiago Bernabéu (unas 80.000 personas) aún viendo que su equipo no les daba la más mínima esperanza sobre el terreno de juego. Sólo espero que hoy se impregnen de ese sentimiento, y que sean conscientes de ello, que sólo con trasladarlo al terreno de juego en cada partido, haría que esa horrible sensación que he vuelto a sentir hoy, se esfumase para siempre.